Era una señora muy delgada. nada alta y con mucho estilo, elegante en su porte y en su saber estar, era tan presumida que tenía trucado el carnet de identidad y en él figuraba unos cuantos años más joven. . Bebía siempre Coca-Cola, odiaba el tabaco y llevaba siempre caramelos Darling en el bolso. Le gustaba la moda e iba cada semana al Corte Inglés igual que se va a la iglesia. Su sentido de la elegancia llegaba a tal punto que me enteré años más tarde que a una criada suya, llamada Pascuala, le propuso llamarse Celia, que era más fino a su entender. Y así fue, en su casa existió para siempre un cuarto que era el cuarto de Celia (antes Pascuala)
Era perfeccionista, ordenada, metódica y todo lo contrario a su hermana Isabelita. Si pecaba de algo era de pesada, porque llamaba al menos dos veces diarias a casa por teléfono para ver como estábamos y era un poco hipocondríaca, siempre preocupada por sus males.
El Tito y ella fueron importantísimos en nuestra infancia porque nos cuidaron mucho. Sé que ayudaron a mis padres innumerables veces y en todos los aspectos imaginables.
Se iban de viaje en barco cada verano un mes y a su vuelta nos visitaban en Caldetas. Creo que todo el pueblo se enteraba de su llegada porque era como una fiesta nacional, era lo más!!! Volvían cargados de regalos, camisetas de Capri, dulces turcos incomibles, escarabajos de la suerte, ojos de Creta, los camisones italianos....sus postales veraniegas eran las más esperadas y la verdad es que ese día era la felicidad absoluta; recuerdo aguardarles con impaciencia, esperando ver su coche en nuestra calle. ¡Qué mayor prueba de amor hay que la espera!
Se iban de viaje en barco cada verano un mes y a su vuelta nos visitaban en Caldetas. Creo que todo el pueblo se enteraba de su llegada porque era como una fiesta nacional, era lo más!!! Volvían cargados de regalos, camisetas de Capri, dulces turcos incomibles, escarabajos de la suerte, ojos de Creta, los camisones italianos....sus postales veraniegas eran las más esperadas y la verdad es que ese día era la felicidad absoluta; recuerdo aguardarles con impaciencia, esperando ver su coche en nuestra calle. ¡Qué mayor prueba de amor hay que la espera!
La tía Loló nos llamaba siempre con diminutivos porque nuestro nombre no le bastaba... así Toya era Toyita, Reyes era Reyines y yo era Marita o Maruchi o Maruchina....
Cuando murió heredé de ella entre otras cosas una planta que sobrevivió milagrosamente 14 años en mi casa sin apenas regarla....siempre he pensado que no era normal, sería cosa de ángeles.
Me ha emocionado este post especialmente..... Era una mujer muy elegante y os quería como nadie a todas.
ResponderEliminarUn angel sin alas.......
Besos
Siii nos quería tanto....qué suerte teniamos de tenerla!
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