Pues no sé las familias numerosas de hoy día, pero nosotros viajar, lo que se dice viajar....no viajábamos. Nuestros horizontes más lejanos llegaban a unos 30 Km de Barcelona, a Caldetas, pueblo donde veraneamos prácticamente toda la vida.
Para ese viaje y trayectos más cortos por Barcelona, nos subíamos todos al Simca. Era una Simca 1200 de color azul turquesa...muy discreto. Pues os lo creáis o no allí nos apañábamos todos. La disposición habitual era dos delante con mi madre en su asiento de copiloto y los otros cinco detrás, estrechitos y alguno en la falda del otro. Además llevábamos las maletas y Whysky, nuestro perro, (porque siempre tuvimos perro).
El caso es que un día empezó a fallar, creo que fue cuando yo tenía unos 8 años.... De repente no se ponía en marcha y teníamos que bajar todos y ponernos a empujar el coche calle abajo; también se le disparaba la bocina sin motivo ninguno, incluso estando aparcado, y mi padre tenía que salir disparado de casa para apagarla.
Así poco a poco la necesidad se impuso...y aunque duró un par de años más, mi orgulloso padre un día me llevó a dar una vuelta en su coche nuevo. Lo recuerdo perfectamente porque fuimos solos, lo cual era muy raro. Se trataba de un peugeot 504 blanco y de segunda mano que me pareció una limusina.
A medida que crecimos todo cambió, porque las mayores empezaron a hacer su vida e incluso cogían el tren para ir a Caldetas...¡se independizaron!