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jueves, 11 de febrero de 2016

La ventana indiscreta

Hoy os hablaré de nuestra ventana al mundo... En Barcelona vivíamos en la calle Mandri en un primer piso que era esquinero y tenía mucha luz. Era un buen piso, alegre y lo recuerdo con gran amor. En el cuarto principal, donde dormíamos cuatro hermanas, había una gran ventana que daba a la calle Mandri y estaba justo encima de la portería. El caso es que aquella ventana nos daba mucho juego. Por ella veíamos la vida pasar y la calle Mandri siempre ha tenido mucho movimiento; por supuesto, de pequeños, por aquella ventana habíamos tirado de todo, desde los chupetes de Reyes cuando decidimos quitárselos hasta alguna prenda de ropa, huesos de cereza y algún que otro juguete...También habíamos hecho las bromas de turno de tirar agua a algún transeúnte y escondernos rápidamente. ¡Qué peligrosos son los niños aburridos! Pero lo que más nos gustaba con diferencia era espiar a través de la ventana a nuestras hermanas mayores cuando volvían a casa con el novio de turno...o mejor aún, cuando las venían a buscar por primera vez. Ahí se montaba la gorda, porque nos asomábamos con todo descaro, había que ver bien al nuevo pollo, si era guapo o no,  si se daban un beso, qué coche o moto llevaba, cómo iba vestido, si era calvo, joven o cualquier detalle interesante. Mi madre nos daba su beneplácito porque ella era la primera interesada y quería un informe (claro está) pero no podía asomarse por dignidad. La hermana de turno se enfadaba como una mona porque evidentemente el pretendiente nos acababa descubriendo (no era difícil) y la avergonzábamos. Me las imagino diciendo es la estúpida de mi hermana pequeña. ¡Jajajajja!¡qué lastre los hermanos pequeños en esas ocasiones! Cuando crecíamos, y con sobornos incluidos, acabábamos siendo cómplices y cubriéndolas en más de una ocasión.
¡Ay, esa ventana indiscreta...!cuando paso por la calle Mandri no puedo evitar mirarla de reojo.

¡La vieja del visillo no es nadie a nuestro lado!