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sábado, 29 de noviembre de 2014

Made in Calbetó

En mi casa teníamos una forma un tanto peculiar a la hora de hablar y expresarnos y engran parte se debía a mi madre Maribel(Isabelita II). Mi madre era una persona muy abierta, simpática, vivaracha y muy expresiva. Supongo que a muchos de vosotr@s, los que tenéis hijos, os ha pasado lo siguiente. Oírlos hablar y veros reflejados, ¡coño es un mini-yo!(acto seguido se nos cae la baba). Pues eso mismo pasaba en casa, las seis chicas hablábamos de forma muy similar y utilizábamos las expresiones de mi madre. Su frase estrella era "no me jeringues Pepe", lo cual quiere decir no me fastidies. Según ella era una expresión cubana, pero nunca llegué a confiar en si era cierto o se la había inventado. Otras palabrejas como "currupias" o "peterre" para no ser escatológica.
Por si no lo sabéis, las puntas de la barra del pan son "moños", nada de curruscos,¡ vamos hombre "aquí y en Sebastopol"!. Ella era nacida en Cataluña y su padre catalán y catalanoparlante, pero ella se negaba en rotundo a utilizar esa lengua. Cuando la hablaba era para mearse porque lo castellanizaba todo aposta, "bocata de jamó y ques", puede ser uno de los muchos ejemplos. Y el parque de atracciones de Montjuïc que por supuesto era "Monjuí" pronunciado con "j" castellana. Ella era muy polifacética, lo que más me asombraba era su capacidad de expresarse con otros acentos. Os explico, los lunes era muy castiza, de Madrid(y más si el domingo había ganado el Madrid su equipo por supuesto), los martes gallega, los miércoles canaria, los jueves andaluza los viernes sudamericana(le encantaban los culebrones y de ahí sacaba muchas expresiones nuevas), etc. Así que imaginar que locura de mujer, ¡genio y figura!. Tenía un vecino totalmente engañado pensando que era sevillana. Aún a veces nos lo encontramos y el pobre la recuerda con mucho cariño, "qué guapa y qué salerosa que era como buena andaluza de Sevilla", y claro nosotras aguantando el tipo con cara de póker. En fin, que recuerdos tan buenos...así que ya sabéis, hablar, hablar y hablar, inventaros palabrejas, utilizarlas con vuestros amigos e hijos y que solo nos haga callar un beso.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Ángeles

La tía Loló era un ángel sin alas... un ser de esos destinado a custodiar vidas. Rebosaba amor. El suyo era un amor sin condiciones, Era de esas personas que vivían para los demás. No tenía hijos, aunque estaba casada. Hacía unas croquetas que sabían a gloria y también eran memorables su paté de hígado y su tarta de manzana. Su sonrisa angelical y ansiosa era perpetua. Adoraba a mi madre, su sobrina, y por extensión nos adoraba a nosostros.  Creo que si hubiéramos sido asesisnos  psicópatas en serie nos hubiera llevado a la cárcel un bocadillo de fuet cada día. Siempre tenía una sonrisa, una caricia y un piropo para decirte. Es de esas personas que echas de menos cada día de tu existencia porque todo lo que hacías era bueno para ella. 
Era una señora muy delgada. nada alta y con mucho estilo, elegante en su porte y en su saber estar, era tan  presumida que tenía trucado el carnet de identidad y en él figuraba unos cuantos años más joven. . Bebía siempre Coca-Cola, odiaba el tabaco y llevaba siempre caramelos Darling en el bolso. Le gustaba la moda e iba cada semana al Corte Inglés igual que se va a la iglesia. Su sentido de la elegancia llegaba a tal punto que me enteré años más tarde que a  una criada suya, llamada Pascuala, le propuso llamarse Celia, que era más fino a su entender. Y así fue, en su casa existió para siempre un cuarto que era el cuarto de Celia (antes Pascuala) 
Era perfeccionista, ordenada, metódica y todo lo contrario a su hermana Isabelita. Si pecaba de algo era de pesada, porque llamaba al menos dos veces diarias a casa por teléfono para ver como estábamos y era un poco hipocondríaca, siempre preocupada por sus males. 
El Tito  y ella fueron importantísimos en nuestra infancia porque nos cuidaron mucho. Sé que ayudaron a mis padres innumerables veces y en todos los aspectos imaginables.
Se iban de viaje en barco cada verano un mes y a su vuelta nos visitaban en Caldetas. Creo que todo el pueblo se enteraba de su llegada porque era como una fiesta nacional, era lo más!!! Volvían cargados de regalos, camisetas de Capri, dulces turcos incomibles, escarabajos de la suerte, ojos de Creta, los camisones italianos....sus postales veraniegas eran las más esperadas y la verdad es que ese día era la felicidad absoluta; recuerdo aguardarles con impaciencia, esperando ver su coche en nuestra calle. ¡Qué mayor prueba de amor hay que la espera!
La tía Loló nos llamaba siempre con diminutivos porque nuestro nombre no le bastaba... así Toya era Toyita, Reyes era Reyines y yo era Marita o Maruchi o Maruchina....
Cuando murió heredé de ella entre otras cosas una planta que sobrevivió milagrosamente 14 años en mi casa sin apenas regarla....siempre he pensado que no era normal, sería cosa de ángeles.



viernes, 21 de noviembre de 2014

Como no.... y no ser una niña traumatizada....

Hoy día nos preocupamos excesivamente por que a nuestros hijos no les falte de nada y sean como borregos,  igualitos a los demás, tengan lo mismo, hagan lo mismo ....no sea que se vayan a sentir discriminados.
Yo no soy diferente a todos, pero sé por experiencia que no pasa absolutamente nada si no se tiene todo en esta vida.
En casa éramos tantos que había cosas que era imposible que pudiéramos hacer: por dinero, sentido práctico, diferencias de edad...
Así por ejemplo os confesaré que jamás fui al circo ni de colonias ni a esquiar; el zoo lo visité con el cole una vez; al cine fui exactamente cinco veces en toda mi infancia...hasta recuerdo qué películas fueron y quién me llevó. A comer a un restaurante,.... recuerdo solo dos ocasiones (soñé con esa pizza por años), celebré con amiguitas un solo cumpleaños y la primera comunión. No cogí un avión hasta los quince años y fue sola, para venir precisamente a Mallorca (era mi destino primero y último) . Con mis padres no viajé hasta los 18 años, que nos llevaron a Portugal a mí y a Reyes.
Os podéis imaginar que no íbamos a la moda ni a la última, y si las niñas llevaban para jugar cuarenta cromos, yo tenía diez mal contados que no podía permitirme perder. Cuando la gente empezaba a tener vídeo, nosotros aún estábamos con la tele en blanco y negro.
El lado bueno de todo esto es que me acostumbré a no pedir nada, lo cual  es muy útil en la vida, y a los trece años ya hacía de canguro a vecinas del barrio y me ganaba mi dinero,  porque la semanada no me daba ni para pipas. Cuando hacía segundo de BUP conseguí ahorrar el dinero para irme a Italia de viaje con el cole y  luego vinieron las clases de latín, que me salvaron la vida. 
En fin, la verdad es que en casa todos nos espabilamos rápido para buscarnos la vida porque era lo que había, y eso se lo he de agradecer a mis padres. Hay datos curiosos como que jamás vi La guerra de las galaxias, ni Superman ni ET hasta ser bien mayorcita, cuando las emitieron por la tele, pero yo jugaba igual a Superman con mi bata atada al cuello, me chiflaba. No me saqué el carnet de conducir hasta que no tuve mi primer trabajo fijo, ¡o sea,  con 25 años!
Por supuesto que me hubiera gustado hacer más cosas, sobre todo ir al cine y a clases de piano....(mi vocación frustrada) y a mis hijos, a día de hoy,  los paseo y mucho, pero también están bastante acostumbrados a no pedir porque siempre tengo el no en la boca. Debe de ser un vicio (buenísmo o no) que me ha quedado de esos años. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Éramos pocos y ....teníamos un zoo.

Aunque fuéramos una familia numerosa y viviéramos en un piso de 150 metros cuadrados nueve personas, siempre tuvimos animales domésticos de todo tipo. Mi madre para esto (y digo mi madre porque ella cortaba el bacalao) tenía una manga bien ancha.
Que yo recuerde tuvimos un gato, tres perros, dos tortugas, tres hámsters, un lorito agapurni, un conejo, los eventuales pericos de la abuela y hasta un pollo!!!
Lo curioso es que mis padres solo compraron un perro....todos los demás animales fueron regalos que nos hicieron ( la mayoría de novietes varios de mis hermanas) Esto es realmente curioso. ¿Cómo nos regalaban bichos siendo tantos? A la vez llegamos a tener hasta cinco animales creo.
 El que menos duró fue el pobre pollo... Un día dos hermanos bajaron al súper a hacer un recado y volvieron con un pollito monísimo que les habían regalado, lo primero que hicimos fue bañar al pollo en el lavabo....mi madre llegó demasiado tarde, aquel pollo murió de frío en menos de dos horas.
Las historias de los hámsters son surrealistas....el primero, Coco, regalo de un amigo invisible, se quedó frito; murió de insolación porque  en verano le dio demasiado sol; el segundo, Paco, murió paralítico porque la jaula se cayó desde una altura considerable; al tercero, Lolo, opté por ignorarlo para no sufrir más con sus muertes y creo que murió de aburrimiento.
El lorito agapurni que era muy bonito, Víctor, aprendió a escaparse de la jaula y era un show atraparlo....un día desapareció y aunque siempre tuvimos la duda de si se lo había comido Yogui (un perro) creo que se largó por la ventana.
La tortuga Vituca creció demasiado y la dimos a un acuario.

La Cuchi Cuchi murió en Barcelona y a falta de un jardín para enterrarla,  fue tirada a la basura (nadie quería coger esa bolsa con el fiambre dentro)
Dodi, un gatito negro, se lo llevó mi tío cuando nació Reyes y nunca más se supo. Mi tío me contestaba cuando preguntaba por él ..." Dodi bien, ya sabe inglés"
La conejo Lulú, que era de Reyes, tampoco tuvo larga vida....
Los animales que verdaderamente vivieron años con nosotros y supieron sobrevivir fueron los perros: Whisky, Yogui y Bogart. Llegamos a tener los tres a la vez.
A Whisky lo trajeron los Reyes Magos cuando Reyes era recién nacida. Los otros dos fueron regalos de novios como Yogui, que nos lo regaló Pepe Villar, seguidor de este blog. A lo mejor él nos podría aclarar qué les impulsaba a regalarnos tanto bicho....
Os aseguro que ser mascota nuestra tenía su mérito porque en mi casa vivían bien, pero nada tranquilos...para muestra los pericos que fallecían de estrés vacacional.

sábado, 1 de noviembre de 2014

La patata

Mostrando 20141101_145306.jpgA mi hermana pequeña Reyes, no sé a raíz de qué o desde cuando la llamábamos la Patata. No era Cuqui ni Chiqui ni Tita ni Mimí u otros apodos semejantes.... Ella era la Patata.  Y así fue durante bastantes años, la Patata por aquí, la Patata por allá.... Hasta que algún día a medida que iba creciendo pasó a ser Pati y ya después definitivamente decidimos volver a su nombre: Reyes o Reyines (para mi tía Loló, que era la reina de los diminutivos)
Reyes llegó la última, y cuando nadie lo esperaba, todos somos muy seguidos (uno o dos años) menos ella, que se lleva casi cinco años conmigo. Yo era la pequeña de la casa, así que me debió destronar y debí de tener celos, pero la verdad es que no me acuerdo.... Recuerdo que desde el principio me hizo una ilusión loca esa hermana pequeña, porque ya entonces yo era muy niñera y me gustaba cuidar de niños pequeños. Desde que ella tuvo tres años me la llevaba muchas veces conmigo a todos lados en Caldetas y, más adelante, fui la encargada de llevarla y traerla del colegio. Una vez, un viernes tarde me la olvidé...sí, volví a casa sin ella. Mi madre solo verme entrar en casa me preguntó por ella y yo salí disparada como un cohete.¡ Dios mío...dejarse a una hermana no es como dejarse los donuts! Además en el cole, a los niños olvidados, los llevaban a la portería de Gaudí y daba como pena verlos allí, custodiados por una monja que te miraba como la mala persona que eras. Lo siento Reyes, estaba ya en la edad del pavo ¡ y a saber en qué estaría pensando...!
Reyes enseguida apuntó maneras y demostró muy pronto tener un carácter endiablado. Yo, ilusa de mí, esperaba tener por fin alguien a quien manduquear...pues yo era la mandada por todos los que me precedían; pero no fue posible, aquel retaco os lo juro que era indomable y jamás pude con ella. Era graciosa, rebelde y de lengua larga. Así que tuve que resignarme.
Además las hermanas mayores la tenían de juguete y le enseñaban todo lo imaginable  bueno y malo, así que la niña sabía latín, griego y arameo. Un día en el supermercado, donde nos conocían de toda la vida, una cajera le quiso hacer un arrumaco y ella que aún iba sentada en el carro del súper le escupió: No me toques p..... Mi madre se quería morir. ¡La niña con dos años ya sabía palabrotas! Por supuesto no faltó la bronca para todos y la amenaza de lavarnos la boca con jabón, como nos oyeran a alguno decir palabrotas. Y es que recuerdo que era un entretenimiento más el enseñarle palabrotas, era divertido.
Aún dormía en la cuna cuando se rompió una pierna,  jugando con Pepón se cayó de la cama, la tuvieron que escayolar. Fue la escayola más decorada de la historia. Ella caminaba igualmente con el yeso como el pirata pata de palo cloc, cloc, cloc....se le oía por el pasillo. Yo hacía segundo de primaria y recuerdo pedir muy devota (en el cuarto de hora de oración de cada mañana)  por  mi madre, que estaba muy preocupada porque mi hermana pequeña iba a romper el yeso en cualquier momento. En fin, era tremenda, pero por supuesto fue la alegría de la casa por muchos años y la espía y el comodín, la pequeña gran hermana...